¡ME CAGO´N LA PITA!



La pita o pajuela es esa pequeña pieza de nuestra gaita que hace sonar el punteru. Podemos tener una gaita de la mejor madera, con anillado e incrustaciones de marfil, plata, piedras preciosas y todo aquello que se nos ocurra, el vestido y flecos de hilo de oro, etc, etc, etc... pero si la pita no suena, todas esas cosas no valen para nada.



Dada la importancia que tiene esta pequeña pieza para que nuestra gaita suene perfectamente, voy a daros algunos consejos para su mantenimiento:
  1. El primer consejo y más importante: no sacarla, tocarla ni manipularla. Cuando una pita o pajuela va bien, lo mejor es dejarla como está, sobre todo si somos gaitero solista, ya que no nos va a importar si la gaita está un poco alta o baja de tono. Otra historia es si tocamos en grupo. En cualquier caso, si necesitamos manipular la pita o pajuela y no estamos muy seguros de lo que hay que hacer, lo mejor es acudir a nuestro artesano de confianza.
  2. Para que la pita suene bien y esté a punto es necesario tocar nuestro instrumento de forma regular. De este modo conseguiremos que no se reseque y mantenga unas condiciones mínimas de humedad. Cuando no tocamos, la caña de que está hecha la pajuela se reseca y hace que ésta no suene en condiciones. 
  3. Dicen que las normas están hechas para saltarselas. Pues bien, si vemos que no vamos a tocar nuestra gaita en mucho tiempo, nos podemos saltar la regla número uno y sacaremos la pita del punteru para guardarla en una cajuca. 
  4. El exceso de humedad tampoco es bueno ya que satura la caña y la ensucia. Por eso recomiendo quitar siempre el soplete después de tocar y sacudir el exceso de saliva y condensación que queda en el asientu del soplete. Para los que vivimos en tierras de agua y lluvia, la humedad puede ser una auténtica pesadilla, por eso intentaremos guardar nuestra gaita en la habitación más seca de la casa, con la funda abierta y podemos meter en la funda unas bolsitas de antihumedad. Eso si, nunca son recomendables “secados rápidos” como poner al lado del deshumificador o sobre un radiador, y nunca, nunca dejarla al sol, ya que la madera se deforma.
  5. Puede suceder que la pita se agriete, bien por una mala manipulación, bien por alguna veta de la caña que se abre. La podemos reparar pasando un poco de laca de uñas por encima de la grieta y dejándola secar. Otra forma es con pegamento de secado rápido. En éste último caso la reparación es más duradera, pero normalmente hay que raspar un poco el pegamento sobrante, operación que realizaremos con cuidado para no dañar la caña.
  6. Si la pajuela ha cogido moho y suciedad la podemos limpiar de la siguiente manera: la humedecemos con líquido para lentillas o suero fisiológico; una vez humedecida limpiamos las palas por afuera con un bastoncillo sin apretar, y si la suciedad no sale tendremos que raspar, pero muy superficialmente y con mucho cuidado, para quitar la roña y no madera de la caña; para limpiarla por dentro pasaremos por el tubo una pluma muy fina de gallina, pato o cualquier otra ave. 
Estas cuatro cosucas que os he comentado son importantes para el mantenimiento de nuestro instrumento y no suponen ningún esfuerzo, así que os animo a tenerlas en cuenta.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que las pitas/pajuelas no son eternas y siempre sonará mejor una nueva que una muy resobada, de modo que a veces merece más la pena una puesta a punto con nuestro artesano de confianza que andar pegándonos con viejas pitas que no dan más de si.

En el siguiente post os pondré varios consejos prácticos sobre afinación.